Desmontando la dieta paleo

No hace mucho tuve la gran suerte de contar con la ayuda de una licenciada en Antropología Social y Cultural para desmontar la dieta paleo, que cada día cobra más fuerza como respuesta a la voluntad de querer perder peso y mejorar el rendimiento deportivo.

Pero para hablar de ella, recalcar que cualquier dieta reduccionista ya tiene que hacernos sospechar de su efectividad a largo plazo. Bajo el nombre de Paleo se esconde una dieta cetogénica. Este tipo de dietas se caracterizan por su elevado contenido en grasas, su aporte adecuado en proteínas principalmente animal y sus restricciones en cuanto a carbohidratos.


¿Existe alguna relación entre el Paleolítico y la dieta paleo?

Reducir tantos años de historia a una simplificada pirámide nutricional paleolítica es un insulto para la evolución. ¿Qué comíamos realmente en el Paleolítico?, ¿existe una similitud con la dieta paleo?

La dieta paleo actual puede incluir aceites vegetales. ¿Pensáis que nuestros antepasados comían aceite ? No, ni mucho menos. En todo caso olivas puras y duras del olivo.

Nuestros antepasados homínidos eran omnívoros. Sí, comían carne, pero no con la frecuencia que pensamos. La accesibilidad a ella dependía de la caza. Principalmente éramos recolectores (frutas, verduras, semillas, granos enteros) y aún así la variabilidad de los alimentos se regía por la zona geográfica.

Por lo tanto, no existía una alimentación específica y mucho menos carnívora. El consumo de carne de presas mayores, la pesca o el consumo de huevos vino más adelante con la fabricación de herramientas más elaboradas y la socialización en grupos mayores. Por lo tanto, muchos de los alimentos que nos ofrece la dieta paleo serían más característicos del Neolítico.


Consecuencias nocivas de la dieta paleo

Algo que defiende esta dieta, y que yo como dietista no puedo estar más de acuerdo, es el cero consumo de alimentos ultraprocesados y el rechazo al sedentarismo. Dejando a un lado la evolución, la dieta paleo, como comentaba anteriormente, sigue siendo una dieta cetogénica que, bajo este nombre, pretende hacernos pensar que es la dieta definitiva, la mejor.

Pues bien, una dieta de tales características puede ocasionarnos graves consecuencias, entre ellas:

Deshidratación: síntoma característico a los pocos días de comenzar esta dieta, ya que el cuerpo pierde agua al dejar de consumir glucógeno.

Mal aliento: en el proceso de cetosis, característico de estas dietas, se crean pequeñas cantidades de acetona que, al no poder ser utilizada como energía, es expulsada a través del aliento.

Calambres musculares: efecto secundario debido a la pérdida de minerales, especialmente el magnesio, por el exceso de micción.

Estreñimiento: debido a la falta de carbohidratos, cereales, frutas y verduras, y a la deshidratación.

Cansancio: falta de energía procedente de cereales.

Sobrecarga renal y hepática: el hígado puede tener problemas a la hora de metabolizar la cantidad de grasa y los riñones están sobrecargados de proteínas.

Siempre que se realice una dieta cetogénica será bajo prescripción médica y controlada.

Por una alimentación saludable y sostenible.



Artículo escrito por Cristina Miguélez (@cristinamiguelez_tsd), Técnico en dietética.

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